Hace algunos días me topé con algunas publicaciones que hablaban del Ikigai, ese antiquísimo concepto japonés que curiosamente ha retomado mucho auge últimamente, para referirse al proceso de autoexploración enfocado en descubrir el propósito (profesional en este caso) con la idea de lograr tener una vida más plena y feliz.
La narrativa iba más o menos así: Si te dedicas a lo que amas y eres suficientemente bueno en eso que haces, y además resulta que el mundo lo necesita y logras que te paguen por eso…. ¡felicidades! Eres de los pocos afortunados que lo han logrado.
Pero, ¿por qué pocos? Veamos algunas estadísticas:
- Según un estudio de ADP Research Institute del 2024, solo el sorprendente 23% de los empleados encuestados se sienten comprometidos con su trabajo.
- Otro estudio, de Randstand Workmonitor del 2023 realizado en 34 países y a más de 35,000 personas, refleja que el 72% de los trabajadores consideran el trabajo como algo importante en su vida. Sin embargo, solo el 57% siente que su trabajo les proporciona realización personal.
- Pero el dato que más me impactó es que solo el 40% de 2,000 adultos japoneses (sí, ¡japoneses!) encuestados en 2023 por Frontier Consulting reflejan tener un verdadero ikigai laboral.
Entonces, ¿el ikigai es una ilusión inalcanzable? ¿Un boleto a la frustración laboral por esa continua comparación respecto a donde se supondría tendríamos que estar y vernos al espejo viviendo algo que no se le parece en lo más mínimo?
O te pagan muy bien pero sufres el trabajo y al jefe. O tienes un buen trabajo que te gusta pero pagan una miseria. O tienes un trabajo llevadero, una paga que cubre las cuentas pero cero proyección profesional.
Y luego me topo con noticias como que Amazon despedirá a 30,000 personas; ConocoPhillips 3,000; Nestlé 16,000; Meta 1,300.
¿Y entonces? ¿Buscamos el ikigai o buscamos mantener comida en la mesa?
Platicando con algunos clientes y amigos, los comentarios no son muy diferentes:
“Está de la jodida. El estrés me está matando y mi jefe no tiene llenadera. Pide mil cosas, me cambia las prioridades en todo momento. Ya corrieron a varios y el jale simplemente nos los repartieron. Pero hay que comer”.
“Hay que comer”. Vaya frase, como si un trabajo con esa perspectiva justificara vivir una vida sin mayor sentido que justo eso.. que haya para comer.
Ahora bien, ¿y si el ikigai realmente existe pero no es algo que se encuentra sino que se construye?
Quizá te estés preguntando cómo puedes construir sobre algo que no dominas, o que no te gusta, o que no pagan bien o que nadie quiere. Y para poderte compartir esta perspectiva, necesitaremos algunos elementos para cimentar esta idea:
Realismo. Quizá el elemento más subestimado hoy en día. Las redes sociales nos han vendido una idea de una vida ideal en un mundo color de rosa. Permíteme decirte que tal cosa no existe, al menos para la gran mayoría de la humanidad. En esta dualidad que vivimos hay cosas que nos gustan y otras que no. Cosas para las que somos buenos y para las que nos. Blancos y negros, pero también una infinita paleta de grises. Y entre más rápido dejemos de lado estos absurdos sinsentidos del mundo perfecto, mejor.
Voluntad. ¿No dominas algo? Bien, ¿conoces a alguien que haya nacido dominándolo? Exacto. La constancia hace al maestro. Y ahí tienes las historias de Michael Jordan, de Michael Phelps, Walt Disney.
Si quieres dedicarte a algo que sabes que se necesita y que pagan bien, pero que no dominas, ¿qué te hace falta para aprender o ponerlo en práctica? Claro, es más cómodo seguir en una zona de confort lamentándonos por la suerte que nos tocó vivir en lugar de poner manos a la obra.
Claridad. Esta joya perdida de la corona nos permite tener un estado de lucidez y serenidad interior que nos deja percibir con nitidez lo que pensamos y lo que sentimos, aceptar lo que funciona y lo que no para entonces decidir y actuar.
Hasta aquí podemos decir que hay manera de hacer algo y lograr ser bueno en ello, enfocarnos en elegir (gracias a nuestras habilidades y conocimientos) algo que sea valorado por la sociedad y esté dispuesta a retribuir por ello.
Pero, ¿y si no me gusta? ¿Cómo podría amarlo? ¿Cómo entonces encontrar esa pasión?
Permíteme contestarte con otra pregunta: ¿y si todo dependiera de una decisión para amarlo y apasionarte por ello?
Está claro que existen tareas, oficios o profesiones por las cuales tenemos cierta inclinación o, incluso, dones desde la cuna. Pero, ¿qué haces cuando no es el caso?
Aprende a amarlo. Decide amarlo.
Y esto no es un planteamiento romántico.
¿Qué es lo que hace que una persona le ponga todo el amor a lo que hace, a pesar de que inicialmente no sea algo que le apasione? ¿Es posible?
¡Por supuesto!
Y la fórmula que yo he encontrado es: dominio + propósito + conexión
El dominio tiene que ver con desarrollar, poco a poco, las habilidades necesarias hasta que logras identificarte emocionalmente con eso que haces.
“A la gente no le apasiona lo que hace al principio. Le apasiona lo que puede hacer después de dominarlo.”— Cal Newport, So Good They Can’t Ignore You
J.K. Rowling no comenzó a escribir solo porque le gustaba. Escribía por necesidad y, al dominar la narrativa y crear un estilo propio, la necesidad se convirtió en pasión.
El propósito tiene que ver con el trillado “¿por qué?”. Esa razón es la que le da sentido a lo que haces. Pero tiene un pequeño truco: será más fácil que la encuentres cuando dejas de centrarte en ti y ves como puedes contribuir a los demás con lo que haces. El significado en lo que se hace tiene más peso que una pasión “innata”. Y eso no depende ni de las circunstancias ni de los demás.
María José era cajera en un supermercado español, trabajo que tomó por necesidad económica. Odiaba el trato con los clientes y el ritmo de esa industria. Pero “había que comer”.
Todo se complicó cuando le pidieron que entrenara a una cajera con Down, cosa que le tomó por sorpresa y que en un principio veía como carga extra. Pero decide hacerlo.
Al poco tiempo, esta nueva cajera mejoró su desempeño drásticamente gracias a los métodos que María José aplicó en ella. Un buen día recibió una carta de la madre de ésta, agradeciéndole que, por su ayuda, su hija tenía un trabajo, un salario y una dignidad. Esa carta la impactó de forma profunda.
En el 2023 María José pidió liderar el programa de inclusión y creó herramientas que les permitió incorporar de forma natural y efectiva a más de 200 cajeros con capacidades distintas en dicho país.
En sus palabras, “yo no elegí este trabajo por vocación. Lo elegí para pagar facturas. Pero cuando vi que mi rutina diaria le daba un futuro a alguien, algo se rompió dentro de mí. Ahora vivo para esto. No hay dinero que pague ver a una madre llorar de alegría porque su hijo cobra su primera nómina.” -El País.
“El propósito no es algo que descubres. Es algo que construyes.”— Mark Manson
Finalmente la conexión emocional, con lo que haces y con quienes lo haces. Cuando los otros dos elementos están presentes, lo que haces se vuelve algo más grande que tú, se convierte en algo personal, algo que te mueve. Simplemente fluyes. El tiempo vuela.
Y cuando eso que haces lo compartes con alguien más, generas un vínculo y un sentido de pertenencia que se convierte en un un mayor compromiso, más satisfacción y, por tanto, tu motor o motivación.
Entonces, si bien es cierto que eso de “sigue tu pasión” es algo que sin duda puede existir, pensar que solo eso existe es la falacia más grande que nos hemos comprado.
“Cuando amas lo que haces, aquello que haces te amará de regreso”.
Y así habrás construido tu ikigai.
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